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XPOSED. Foto: B. Bollo

Una exposición en movimiento

El tiempo no existe: su concepción como una sucesión lineal, unidireccional de acontecimientos no puede ser ya válida en un mundo de vasta y creciente complejidad. Todos los tiempos -pasado, presente y futuro- coexisten en un único espacio dentro un entramado de realidades paralelas de las que nuestra limitada percepción obtiene apenas un vislumbre. El arte representa el espejo donde la humanidad contempla el reflejo de su situación y de sus aspiraciones, la puerta a través de la cual es posible el acceso a dimensiones intangibles de nuestra realidad y la especulación, acaso, sobre las razones de nuestra existencia.

La compañía Il GentilLauro, con una larga trayectoria en la investigación y puesta en escena del repertorio coreico y musical de los siglos XV y XVI, plantea en este proyecto una ruptura con su experiencia en las artes escénicas para poder ubicarse dentro de los espacios reservados a las manifestaciones más vanguardistas, propiciando así un renovador diálogo con las mismas.

XPOSED ha de ser contemplado más como una particular forma de exposición en movimiento que como una actuación musical o teatral al uso. A partir de la confrontación entre dos obras pictóricas de diferentes épocas, Il GentilLauro subvierte los conceptos convencionales de estructura temporal y argumental y la relación intérprete-espectador, para explorar un nuevo lenguaje en el que danza y música interactúan con las artes plásticas en busca de una nueva percepción del sentido de la trascendencia en el arte.

J. I. Delgado

Cuerpo, alma, espíritu

En el grabado de Lucas Van Leyden (1494 - 1533) conocido como «Los placeres de este mundo y María Magdalena o El baile de Santa María Magdalena» se representan tres planos de proyección que delinean tres momentos de la vida de la Magdalena: el baile, la caza del ciervo y la ascensión al cielo.

La tridimensionalidad de la obra de Van Leyden está en fuerte relación con la visión neoplatónica del Renacimiento, es decir, con el nexo del hombre y de la mujer con el cosmos, la naturaleza y Dios. Con distintas palabras, pero no alejadas de esta visión renacentista, el padre de la danza moderna, François Delsarte (1811-1871) creó su visionario método pedagógico para el artista basado en la unión de la vida, el ánima y el espíritu. Según la topografía del cuerpo de su Estética Aplicada, las extremidades representan las sensaciones vitales, el tronco el ánima, los sentimientos y la expresión de nuestra personalidad, y por último, la cabeza el espíritu, que expresa nuestro pensamiento y nuestra relación con Dios o lo trascendente. La tricotomía definida por Delsarte nos conduce a la tridimensionalidad del grabado de Van Leyden y esta lectura es una fuente de inspiración para el diálogo entre lo antiguo y lo contemporáneo, no tanto para reconstruir el pasado o señalar el sentido de la tradición, cuanto para disolver los modelos ‘institucionales' de la interpretación.

Esta tríplice percepción de un grabado flamenco de 1519 se puede ‘aplicar' también a la danza del Quattrocento y del Cinquecento. Hasta ahora, la danza antigua ha sido propuesta al público siguiendo las metodologías de la hermenéutica y de la reconstrucción. Para poner en contacto la tricotomía corporal delsartiana de vida, ánima y espíritu con la visión neoplatónica de la danza cuatrocentista se hace necesario incorporar una tercera propuesta interpretativa, como es la deconstrucción, o mejor aún, la fragmentación de la textura coreica original. Dentro de esta exposición en movimiento que confronta lo antiguo y lo contemporáneo, proponemos tres percepciones desiguales de la bassadanza Corona de Domenico da Piacenza (ca.1400 - ca.1476), creador de un estilo nuevo y codificador de la danza italiana del siglo XV. En particular, Corona representa la ‘coronación' o el vértice de las capacidades coreicas y coréuticas de un bailarín del Quattrocento. En palabras de Antonio Cornazano (ca. 1435 - ca. 1485) "[Corona] es una bajadanza muy difícil, no apta para incapaces, sino propia corona de las demás, como su nombre indica". Para recuperar el espíritu original de la danza del siglo XV no es suficiente reconstruir, sino también deconstruir y aceptar otras lecturas. La fragmentación coreográfica es el primer estadio de una deconstrucción, o bien, la "huella de una ausencia" entendida como distanciamiento de lo obvio, ‘verdadero' y reconocible.

Como un neo Domenico, o mejor, un posmoderno Domenico da Piacenza con la aspiración de elevar su disciplina a arte liberal, hemos querido recolocar la danza del Quattrocento dentro de una tríplice manifestación según la concepción delsartiana de vida, ánima y espíritu. Domenico es, en realidad, el primer deconstructor de la historia de la danza al haber deconstruido el repertorio coreico coevo; aunque es un hombre ligado aún al Medioevo, su producción nace como separación, como disolución de los elementos antiguos para crear un repertorio nuevo dentro de un estilo nuevo y elevado.

El vínculo entre el neoplatonismo coreico del siglo XV y la tricotomía delsartiana está en la técnica compositiva conocida como tintinnabuli, es decir, «pequeñas campanas» de Arvo Pärt (Estonia, 1935). La música de Arvo Pärt emerge tras un período de silencio que el compositor dedicó al estudio apasionado de la música vocal francesa y franco-flamenca de los siglos XIV y XV, especialmente de Machaut, Ockeghem, Obrecht y Josquin des Prez:

La "tintinnabulación" es un área en la que, a veces, deambulo cuando me encuentro a la búsqueda de respuestas en mi vida, en mi música, en mi trabajo. [...] Lo complejo y lo polifacético sólo me confunde y debo perseguir la unidad. [...] He descubierto que es suficiente una única nota tocada con gran belleza. Esta sola nota, pulso silencioso o momento de silencio, me conforta. Trabajo con muy pocos elementos, con una o dos voces. Construyo con los materiales más primitivos, como la triada o una específica tonalidad. Las tres notas de la triada son como campanas, por eso la llamo "tintinnabulación".
(R. E. Rodda, Arvo Pärt Fratres, I Fiamminghi, The Orchestra of Flanders, Rudolf Werthen, Telarc CD-0387)

La deambulación existencial de Arvo Pärt en Spiegel im Spiegel recuerda el dibujo coreográfico de la danza del Quattrocento que, con su fuerte poder esotérico, podía influir tanto en los intérpretes cuanto en los espectadores. Músicos y coreutas recibían "aliento" de la danza armonizando los cuatro elementos -agua, tierra, fuego y aire- generando una fuerza y una energía fuertemente percibida a su alrededor.

C. Nocilli